- Harina de almortas: 4 cucharadas soperas colmadas.
- Panceta de cerdo: 400 g troceada.
- Chorizo: 200 g en rodajas.
- Ajos: 6-8 dientes (con piel y un pequeño corte).
- Pimentón dulce: 1 cucharadita (de la Vera, preferiblemente).
- Agua: Aprox. 1 litro (4 vasos).
- Aceite de oliva virgen extra y sal
- Freír los acompañamientos: En una sartén amplia o caldero, calienta el aceite y fríe los ajos hasta que doren. Retíralos y reserva.
- Dorar los tropezones: En ese mismo aceite, fríe la panceta y el chorizo hasta que estén crujientes. Retira y reserva.
- Tostar la harina: Si hay exceso de grasa, retira un poco. Añade la harina de almortas y rehógala un par de minutos para que pierda el sabor a crudo, como si hicieras una bechamel, y remover constantemente para que no se peguen.
- Añadir pimentón y agua: Aparta un momento del fuego, añade el pimentón (para que no se queme) y mezcla rápido. Incorpora el agua poco a poco mientras remueves con una cuchara de madera para evitar grumos.
- Cocción final: Cocina a fuego suave sin dejar de remover. Sabrás que están listas cuando la mezcla espese y el aceite empiece a subir a la superficie (formando una fina capa rojiza).
- Servir: Incorpora los tropezones reservados al final o ponlos encima al servir
De comida de necesidad a tradición culinaria
A lo largo de los siglos, las gachas pasaron de ser un alimento de supervivencia a un plato asociado a las reuniones familiares, las festividades locales y las comidas tradicionales de invierno. Aunque en sus orígenes era un plato sencillo compuesto únicamente por harina, agua y sal, con el tiempo se le fueron añadiendo ingredientes como pimentón, torreznos, chorizo o panceta, realzando así su sabor y dándole más contundencia.
Hoy en día, las gachas manchegas siguen siendo un símbolo de la gastronomía castellano-manchega, preparadas en celebraciones y en los fríos meses de invierno. De esta forma, se mantiene viva la esencia de la cocina tradicional.
Dato curioso: Durante la posguerra española, la harina de almortas fue una de las pocas opciones accesibles para muchas familias, lo que hizo que las gachas se convirtieran en un plato muy consumido en tiempos tan difíciles como esos.
